Quién fuera árbol.

Le advierto, estimado lector, que lo que va a leer a continuación probablemente no tenga sentido más que para mí, y es producto de una sobredosis de sol, azúcar y quietud. Sobredosis de pan con mantequilla y mermelada -mucha-, para qué fingir, si ya se va a hacer el daño, para qué hacerlo a medias.

Resulta que después de diez años volví a Burdeos, una ciudad en la que viví varios meses. Muchas cosas le pasaron a este lugar y muchas cosas me pasaron a mí, antes de que nos volviéramos a encontrar. Ella es tan diferente, y yo también, que no nos reconocimos, podría atreverme a decir que al principio, no nos gustamos. El encuentro no fue lo que esperaba.

Llegué con toda la intención de ser turista en una ciudad donde nunca lo fui.

Fue imposible, tuve que sentarme para darme cuenta que nunca estuve en ese lugar en el que creí haber estado. Que mi casa ya no existía, ni el camión que tomaba diario, ni el panadero cómplice de mi mayor número de kilos, ni los ingenieros y los albañiles y los tractores por todos lados. Todo estaba en construcción cuando viví en Burdeos, todo, Burdeos y yo.

Luego hoy, todo está renovado, todo está embellecido, los edificios ya no son de piedra gris, en realidad no lo eran, sólo no estaban limpios.

Cada vez que vuelvo a una ciudad en la que estuve antes siento una total familiaridad, reconozco los olores, los sonidos, los sabores… reconozco los árboles.

En Burdeos no reconozco nada, no huele igual, no sabe igual, todo cambió. Es como si nunca hubiera estado ahí. Tal vez la que cambió fui yo. Tal vez viajar es tomar el riesgo de irte y nunca regresar. Tal vez viajar es nunca volver a ser la misma persona.

Así que abrumada por la renovación de un lugar irreconocible, me senté a existir y a darme cuenta de que lo único que está igual en esta ciudad -y en todas- son los árboles, que crecieron, envejecieron, perdieron y ganaron y volvieron a perder y volvieron a ganar y nada les pasó, y siguen ahí, sólo más grandes, más hermosos, más fuertes.

¿Será que los árboles sienten felicidad o tristeza, será que algo les preocupa o les emociona? Quién fuera árbol…

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T-5 para el maratón de Berlín.

5 Respuestas a “Quién fuera árbol.

  1. Es cierto Vero, cada día cambiamos y cuando queremos ver de nuevo los lugares y a las personas con quienes convivimos, ya no son las mismas… bueno o malo…. así es. Un beso Mary Carmen

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  2. Pingback: No abras este mensaje. | loqueveomientrascorro·

  3. Caracoles !!!

    Que estupendo estilo para escribir.

    Recuerdo haber leído el año pasado… por qué no enamorarse de un corredor.
    De ese escrito a… Quién fuera árbol, cambiaste para bien.
    Te felicito y mando un abrazo.

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