En la India aprendí a no correr.

Viajar sola por la India me ensanchó el corazón, el pensamiento y en pocas semanas, también me ensanchó el cuerpo.

Corrí mucho, corrí por miedo, corrí por sueño y corrí por hambre. Corrí para resguardarme antes de que se metiera el sol, para llegar a una clase de filosofía en sánscrito y no entender nada, para protegerme de los changos que me arrebataron la fruta. Corrí para intentar llegar a tiempo en un lugar donde el tiempo es una sugerencia y donde por lo tanto, nadie debe de correr.

Corrí pues, para entender que correr no te lleva a ningún lado y que a veces es mejor no hacerlo.

En la India aprendí que la prisa es interna, que deberíamos de pasar más días existiendo, así nada más. Existir tomando el sol, respirando.

Aprendí que el té se toma muy caliente, a todas horas, y que como está tan caliente se toma despacio, porque apresurarse puede resultar muy doloroso.

Aprendí que un tren se puede retrasar una, dos, tres o siete horas y no pasa nada, no hay que correr para alcanzarlo. Comprendí entonces, que en la India las cosas suceden solamante de día o de noche, no a una hora en específico y que eso funciona bien.

Aprendí que hay que comer despacio, en silencio, saboreando primero los olores… ¿para qué acelerarse a probar algo si primero puedes olerlo?

Y esto es lo que vi mientras corría sólo para escapar de mi propia prisa:

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Lugar: Ashram Parmath Nikethan, en Rishikesh, India.
http://www.parmarth.com

16 Respuestas a “En la India aprendí a no correr.

  1. He disfrutado leyendo esto Veronica … pero usted tendría que visitar varias veces más y diferentes lugares de entender este país, esta es la forma de grande. Yo he viajado a todas partes ahora, y todavía me sorprende a veces. Love!

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  5. Alguien te escribió un día algo que se me quedó profundamente grabado: Correr para no salir corriendo. Para muchos, eso ees una absoluta verdad. Yo no corro ahora, pero sí camino. Quizá para no salir caminando. Es lo mismo. Saber que no vas a ningún lado pero sí; que no tienes que llegar pero que llegas; que te esfuerzas por hacer cada día menos tiempo, y que finalmente eso no le importa a nadie, ni a ti misma. Me tardé muchos años en aprender que caminar y correr es usar tu cuerpo, moverlo, sentirlo, cansarlo, recuperarlo, y sentirte bien después de todo eso. Correr… para no salir corriendo.

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