Quién fuera perro…

image9 Tengo un vecino al que envidio muchísimo. Todos los días él ve el amanecer en primera fila, vive en el último piso, tiene la mejor vista. Su rutina matutina empieza justo cuando está terminando de salir el sol. El transporte escolar pasa a recogerlo temprano. Al salir del edificio, sus amigos que están estacionados justo afuera, lo reciben con gusto y toman camino hacia el parque mientras platican.

Cuando llegan, se reúnen con el resto de los alumnos. Entonces el profesor empieza la clase llevándolos a correr durante una hora. Se llenan de energía, juegan mientras corren, brincan, acatan instrucciones de correr más rápido o más despacio, luego desobedecen y se meten a las fuentes del parque.

Imagínate empezar un día con tus amigos jugando y metiéndote a una fuente.

Terminada la sesión, el maestro extiende una larga alfombra gris donde todos reposan. La mayoría duerme, otros solo meditan, observan. Se ven tan relajados. Si hace frío duermen abrazados, se acuestan unos en la panza de otros, a ratos despiertan, hacen yoga, se estiran en su tapete acolchonado, se dan una vuelta y vuelven a dormir. Así pasan el resto de la mañana.

A veces yo corro alrededor de ellos dando vueltas en el mismo pedacito varias veces, solamente para verlos más. Ellos me siguen con la mirada una o dos vueltas, luego se aburren. A veces quieren levantarse del tapete e ir a correr conmigo… a mí me encantaría, pero no los dejan.

Algunos tienen clases particulares, y vuelven a ejercitarse con su maestro, siguiéndolo mientras él anda en bicicleta. Otros, si se portan mal, son “castigados” sentándolos junto a un árbol. Ese es el castigo: sentarse a existir junto a un árbol.

Así es la vida de los perros hippies de la colonia Condesa. No sé qué pase en el resto de la clase, pero a mi vecino lo traen de regreso a la hora de la comida y muchas veces coincidimos en el elevador. Su maestro sube a dejarlo hasta la puerta de su casa, mientras sus compañeros se quedan nuevamente estacionados afuera del edificio.

“Pobrecito, se queda solo toda la tarde. ¿Será él el que aúlla sin parar?” – digo yo.
“No. Él llega ahorita a comer y está tan cansado de jugar que duerme el resto de la tarde”. – dice el profesor.

Quién fuera perro…

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3 Respuestas a “Quién fuera perro…

  1. Que bonita es la “vida de perro”. Una expresión a veces mal interpretada. Me encanta como escribes Vero, gracias por compartir tus kilómetros y tus pensamientos con nosotros.
    Saludos desde Tecate, Baja California.

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