¡Mamá, las ardillas se están comiendo las jacarandas!

Hace unos meses, mientras corría en el Parque México, me encontré con un olor a aserrín que no había sentido antes. Como las jacarandas estaban a punto de explotar, mis ojos habían estado concentrados en las alturas y no en el piso. Pero el nuevo olor me hizo bajar la mirada para darme cuenta que estaba rodeada de árboles “podados”. Podados desde la base del tronco. Ese es el término que usan las autoridades de la Delegación Cuauhtémoc para no referirse a la innombrable – e inexistente, dicen – ‘tala de árboles’. ¿Quién dijo que eso es talar? Obvio no.

La tala… perdón, poda, se detuvo ante las denuncias de los vecinos quienes exigieron una explicación y comprobación de que no había otra forma de solucionar el problema más que cortando los árboles muertos o enfermos. Llegaron las explicaciones, insuficientes, me parece. Que si los árboles estaban enfermos, que si hay una plaga que los está matando a todos, que se trata de una “poda de mantenimiento”. Y efectivamente, sí hay muchos árboles muertos en el parque, por lo que el dichoso mantenimiento se ha reiniciado este mes.

Esta semana, me crucé con el jardinero-en-jefe del parque, que al verme tomar fotos de los árboles me lanzó un: “es que la plaga está muy fuerte, la ardilla es difícil de controlar”. Yo, en mi infinita ignorancia en temas biológicos le pregunté si “ardilla” es el nombre de la plaga que está atacando los árboles.

En respuesta recibí primero una cara de hartazgo e incredulidad indescriptible y luego una lección de hora y media sobre cómo las ardillas -el roedor peludito- se come la corteza de los árboles, desnudándolos y haciéndolos vulnerables a la contaminación, para finalmente morir. Y los árboles muertos son muy peligrosos, MUY. Se caen fácilmente cuando los tocan los niños… la cara de incredulidad entonces la tenía yo.

Estimo que he corrido más de 200 kilómetros en el Parque México y sus alrededores. Esos 200 kilómetros han sido tal vez unas 30 horas. Treinta horas en las que no he visto nunca UNA sola ardilla. Se lo comenté al jardinero, quien al darse cuenta de que era una loca más convertida en Munra por la tala de árboles, prefirió contarme sobre otro problema grave: la sobrepoblación de árboles en el parque. Otra historia que ni caso tiene contar.

Algunos árboles muertos, otros que van en camino, arte callejero, flores en el árbol de Toloache (ahí sigue, ‘por si ocupan’) y más cosas que vi en los últimos 10 kilómetros en el Parque México:

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